Me duele que las lágrimas corran así por mis mejillas, pero no tengo otra forma de desahogarme.
Todos los momentos que he pasado contigo para ti no tenían ninguna importancia, todo era una gran mentira.
Aún no comprendo cómo has podido.
Me da la sensación de que nunca te he importado; al menos, si lo hubiera hecho, no dejarías que estuviera así. Si te hubiera importado, no me habrías cambiado de esta forma, no hubieras tirado estos tres años de cariño, consejos y amistad a la basura, como cualquier otra cosa.
Con mis pies descalzos sobre el mármol, los ojos secos de tanto llorar, pienso en cuando nos queríamos como hermanas, cuando significábamos tanto la una para la otra.
Pero todo esto ya no existe porque has decidido cambiarme, habiéndolo dado todo por ti, por algo que probablemente desaparecerá sin más.
Sólo quiero que no olvides una cosa: cuando tú estuviste así de mal, yo, estuve ahí para apoyarte.
Lo siento.

No hay comentarios:
Publicar un comentario