Cada día me desanimo más, hay una chispita de esperanza pero no es suficiente para sacarme a delante; cuando parece que estoy mejor ocurre algo, de repente se me vienen las paredes encima y parece que el peso del mundo está en mis hombros.
El lunes cuesta mucho, el martes ya se hace imposible sin escuchar tu voz pero aún recuerdo la dulce sensación de tus besos en mi cuello y, eso sólo eso, es lo que me retiene ante el abismo.
Siento que no tengo a nadie en quién confiar, y siento decir esto por los que de verdad están ahí, pero es la sensación de mi alma, como si en una semana me hubieran cambiado de ciudad, de vida, de todo y como si no conociera a nadie, como si estuviera sola completamente sola.
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